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mercredi 27 octobre 2010

PARA LEER LIBROS DE ARTE CON LOS JÓVENES



Esta es la primera parte del capítulo consagrado a los libros de arte, de mi libro Memorias del Medium, sobre el Centro de Detención para Adolescentes, que aparecerá en breve...
¿Porqué leer libros de arte?
¿Por qué la belleza debe ser elitista?  Mi experiencia como coordinadora de animación en la biblioteca de una escuela de artes plásticas  me hizo reflexionar sobre la manera de percibir el arte a través de los libros y los múltiples mitos y prejuicios que se tienen sobre ambos (los libros y el arte) en un país como el nuestro.
En aquella biblioteca, muchos volúmenes databan de los años treinta y cincuenta del siglo veinte: libros maltratados,  reproducciones en sepia,  información obsoleta.  ¿Qué visión del arte, qué percepción de su existencia y de su historia podían ofrecer?  Para jóvenes que nunca vieron los originales de los cuadros allí reproducidos, ese primer contacto era desalentador y hasta injusto.  ¿No existen ahora libros de arte, bien editados, accesibles en cuanto a precio y a distribución, encuadernados decentemente para durar un tiempo razonable?  
Para la dirección de esa escuela, guardar viejos libros llenos de hongos era conservar un patrimonio.  Era esencial que los libros bonitos (y los había) no salieran nunca de la biblioteca y esencial que los maestros tuvieran el control de la información  y de las imágenes proporcionadas a los alumnos.
Ese episodio de mi vida me convenció de que el arte no es sólo para unos cuantos elegidos sino para todos, y que los bellos libros no tienen porqué atesorarse con avaricia en los anaqueles sino circular y ser vistos, ser leídos, aún a riesgo de ser degradados o perdidos... c’est la vie!
Ya que muchos de esos estudiantes de artes plásticas no verían los originales de inmediato, lo mejor era según yo, brindarles reproducciones fieles, información, y comentarios veraces, libros resistentes y bellos.  Por desgracia no fui escuchada y terminé dejando mi trabajo, ante el boicot masivo del cuerpo docente…  
Durante mi vida en Francia (la friolera de quince años) pude ver “en vivo” mucha pintura, muchos museos. También fui asidua de varias bibliotecas.  En París podía encontrar libros de arte accesibles en las bibliotecas, claro, pero también en librerías de ofertas, en las de ocasión, en las de lujo, en las de saldos.  Hay de todo, a todos los precios.  Compré muchos libros que por desgracia no pude traer conmigo cuando regresé a México.  Pero aprendí que a pesar de que en nuestro país este material no es fácilmente accesible, siempre es posible adquirirlo:  en los últimos años ha habido un auge en su edición y distribución.  Para trabajar con los jóvenes detenidos, tenía que conseguir este tipo de acervo.  Escribí pues a varios editores.   
Mandé una carta  Benedikt Taschen, creador de la casa editora  que lleva su nombre pues sabía que a pesar de ser una empresa alemana, editaban libros en muchos idiomas, entre ellos español. Respondió positiva y generosamente, haciendo varios envíos a mi Sala de lectura y al Tutelar. Recuerdo particularmente mi viaje a León (a 50 km de donde vivo) en mi viejo Volkswagen.  Las cajas recién llegadas contenían la colección de básicos de arte (85 libros) y otras obras igualmente apasionantes como: “Diseño gráfico de hoy”, “Dibujo animado actual” y “1000 sitios WEB”,  y “Manga” (que tuvo una trayectoria accidentada como veremos después). Fue un momento de profunda emoción el abrir esas cajas y descubrir tales maravillas;  fue también un momento privilegiado, como muchos ha habido en este trabajo, el de llevar estos libros y hacer la primera sesión con ese material.  Un lujo.
¿Cómo debe ser un buen libro de arte?  
No quiero adoctrinar a mis lectores sobre lo que “debería” ser un buen libro de arte;  esto es algo subjetivo, finalmente; cada quien tiene su concepción de la belleza.  Pero sí puedo dar pistas para detectar y sobre todo aprovechar un buen libro de arte que nos sirva para trabajar en la iniciación de lectores, en este caso concreto de jóvenes. Contrariamente a otros libros, tiene que ser necesariamente bello.  Y por bello entiendo que haya armonía entre sus diferentes componentes, materiales y de contenido.  No en vano que en Francia se les llama Les beaux livres (Los bellos libros).  Porque parte de lo que llamo aquí belleza es la legibilidad de textos e imágenes, la claridad en la maqueta, la generosidad en el número de reproducciones, la veracidad de su información  y…un precio accesible.  Es decir, tiene que ser bueno, bonito y barato.  ¿por qué no?

Reproducción

Antiguamente, la reproducción de obras de arte se hacía por medio de grabados.  El grabador tenía que ser un excelente copista y dominar la técnica.  Así se podían difundir en forma de libros o en la prensa. La gente podía así tener una idea de cómo eran los cuadros o esculturas famosos, sin necesidad de viajar muy lejos y de visitar los museos donde éstos se encontraban.
Con la invención de la fotografía, las obras pudieron ser más fielmente reproducidas. En los años 20 y 30 del siglo XX, se reproducían en sepia y posteriormente en color pero las impresiones eran tan delicadas que había que proteger cada una de las páginas con papel cebolla.  Por lo general, no todo el libro venía en color, sólo un cuadernillo central donde se mostraban las obras más importantes.  Con la imprenta moderna, el perfeccionamiento de la fotografía y las técnicas digitales, el libro de arte es mucho más fácil de producir y también de distribuir, facilitando también su adquisición.   
No olvidaré nunca la reacción de un profesor de la desafortunada escuela de artes plásticas de la que hablé antes,  cuando en una junta dije que necesitábamos buenos libros de arte: “¿Para qué?  ¡Si una buena obra de arte se puede apreciar igual en sepia que en color!”, exclamó el buen señor.   No comparto su opinión: para jóvenes de un país joven como el nuestro, en el cual los viajes son difíciles si no inaccesibles y donde la información no siempre circula de la mejor manera, creo que sí es importante contar con material de calidad para tener una idea lo más fiel posible del aspecto de una obra, se trate de pintura, escultura, objeto, instalación...
Maqueta, diagramación, tipografía
Antiguamente la museografía concebía al arte como una acumulación: las obras se exponían unas sobre otras, en el caso de las pinturas, y unas muy cerca a las otras, en el caso de la escultura;  había una estrecha relación entre ellas y los palacios, iglesias o museos donde se exhibían.
Esto cambió con el tiempo, al grado que hoy en día para contemplar una obra de arte en un museo, lo mejor es no tener “visiones parásitas”: otros cuadros demasiado cerca, un marco demasiado aparatoso, mobiliario estorboso… o demasiados visitantes.  
De igual manera, la maqueta de un libro de arte ha de ser sobria…o no será. Descarto los libros que tienen una maqueta caótica donde las reproducciones están enmarcadas o engarzadas con signos gráficos parásitos, donde el texto no acompaña sino domina, donde hay “demasiadas cosas”, como en una habitación sobre-amueblada.  Me gusta ver la obra en un formato adecuado para mis ojos miopes (es decir, nunca del tamaño de una estampilla postal) y también tener al alcance de la vista la información que necesito de inmediato: autor, título, técnica, formato y también el lugar donde se encuentra la obra. Me gusta también que el cuerpo del texto haga referencia a la obra que estoy viendo no muy lejos de la página en que ésta se encuentra.  Es decir, que si leo las peripecias del artista y algo acerca de la obra, me gusta tenerla cerca y no tener que buscar la imágen veinte páginas atrás o adelante, allí donde hablan de ella.
Existen libros de arte especiales para niños o para jóvenes.  Tengo algunos, editados por museos estadounidenses,  bastante hermosos, que he utilizado mucho a pesar de que mis chavos casi nunca  pueden leer en inglés.  Pero me gustan la calidad de la reproducción y la elocuencia de la imagen dentro del diagrama, por eso los utilizo intensivamente.   
También me gusta que la tipografía sea simple, clara  y no juguetona.  En el caso de un buen libro de arte informativo, prefiero letras sobrias y legibles más que fantasiosas.
Información veraz y actualizada
Algo importante es el disponer de buenas fichas técnicas acompañando a cada reproducción y asimismo que los textos contengan información veraz en cuanto  a la biografía del artista, el lugar donde se encuentra la obra, el movimiento al cual pertenece, a su destino final una vez que el artista desapareció.  A veces en los libros de arte no sólo tenemos la información a secas sino también algún comentario crítico del autor, en cuanto a corriente artística, percepción estética, contexto histórico; una interpretación con la que podemos o no estar de acuerdo.  Hablo también de información actualizada porque es evidente que hay nuevos descubrimientos en cuanto a ciertas obras de arte y también nuevas formas de mirar; no podemos contentarnos con la manera de interpretar el arte de un autor del siglo diecinueve cuando podemos tener una visión más moderna sobre todo cuando se trata de nuestros primeros descubrimientos.   
Claro está que si queremos profundizar, siempre tendremos un amplio abanico de informaciones de este y de otros siglos en cuanto a la misma obra, pero esto viene después y se dirige a un público más especializado.  Aquí hablo y recomiendo concretamente de libros que pueden servir a un público como el mío, no necesariamente informado previamente, no necesariamente formado a “saber ver”.

Encuadernación, gramaje, textura

Otro aspecto importante es la encuadernación.  Antiguamente los libros de arte y los libros en general eran mucho más caros porque iban encuadernados a mano y eran cosidos por cuadernillos que se pegaban juntos y se unían con pegamento para ser finalmente forrados con tela o con piel. Las ediciones populares iban simplemente pegadas, no destinadas a durar.   
Mis primeras experiencias con los “Libros del Rincón” de la SEP* fueron contradictorias;  eran libros hechos con muy buen  gusto, diseñados maravillosamente… pero encuadernados de manera terrible.  Al cabo de dos o tres años de uso, esos libros perdían sus páginas y se deshacían literalmente entre las manos.  Una lástima, tanto en los textos literarios como en los libritos de arte o informativos porque son obras que no volvieron a imprimirse y que es difícil o imposible recuperar.  Una revista que me encantaba, “Saber ver” (Editorial Televisa),  fue casi imposible de utilizar por la deficiente calidad de la encuadernación.  Para nuestra fortuna, la encuadernación actual cuenta con pegamentos de mucha mejor calidad, (esto me lo dijo una editora de arte de Guadalajara): los libros de ahora tienen mayor solidez y por lo tanto, mayor duración.
Algo que me gusta igualmente es sentir con los dedos las diferentes texturas del papel.  Me gustan los libros de buen papel, por lo general un liso, suave y algo brillante (quizá para que los colores también “brillen”) y de buen gramaje (es decir peso).   
Es evidente que no hablaría de estos aspectos tan prosaicos si todos estos libros estuvieran en mi casa y fueran exclusivamente para mí y para mi familia.  Quien comparte libros ha de pensar en una utilización más extensa, frecuente  e intensa, dado que las colecciones de arte circulan entre mucha gente, y son previstas no sólo para las sesiones de lectura,  sino para el préstamo a domicilio.  
(continuará... en la siguiente entrega, ¿cómo leerlos?)

jeudi 27 août 2009

SESIÓN DE LECTURA DE ZAPATOS EN LA SALA JUSTITA ARENAS


TALLER "PINTANDO ZAPATOS"
Una sesión en la Sala de Lectura “JUSTITA ARENAS”,
Con Néstor Ramírez, Tláhuac, D.F.
por Lirio GARDUÑO BUONO

Llegamos milagrosamente a las 18:00 horas, tiempo previsto. En el coche de Mariana, viajamos cómodamente Laura y yo. Mariana es una excelente conductora, la serenidad misma en medio de este tráfico de locura. Néstor está en la calle, nos espera. Estoy muy contenta de verlo y también de estas últimas horas pasadas en casa de Laura, compartiendo experiencias, hablando de libros, libros y lecturas. Nuestro último encuentro data de hace algunos meses no nos habíamos visto, así que es realmente un placer vernos de nuevo.

Néstor nos hace pasar a la Sala de Lectura que es a la vez su casa. Me impresiona especialmente la habitación donde se encuentran los libros, pues en lugar de techo tiene un gigantesco domo que deja entrar raudales de luz, aún en una tarde lluviosa como esta. En el centro de esta habitación, Néstor dispuso una plataforma cubierta con tela, donde reposan (debería decir posan), zapatos fuera de lo común por su forma o su color. Está la bota de la Catrina, algunos zapatos punk, zapatillas de ballet, zapatos de hombre. Todos circulamos alrededor de ellos y luego nos vamos a sentar.

La otra parte de la Sala es una habitación con un gran ventanal y sillones. Fotos, hermosos pósters en los muros. Hay un aparato de sonido de donde sale una canción que habla de un par de viejos zapatos. Esto nos va metiendo en el ambiente.
Al principio hay sólo algunos chicos, de 9 a 15 años, en su mayoría familiares de Néstor. Vacilamos. Esperamos. Decidimos empezar. Van llegando niños y adolescentes poco a poco, y se van integrando a la plática. Empiezo por explicar que los zapatos son una pasión personal y que son un vastísimo tema. Me apego al esquema que traigo: les muestro planchas de anatomía ilustrando el pie y sus múltiples huesos y músculos. Les pregunto qué se puede hacer con los pies. Todos responden, todos participan: “caminar, saltar, correr, bailar…”

Viene luego la historia del calzado: como una necesidad, un lujo, un placer, una obligación social… En esto también participan mientras vemos las fotos del libro “La Chaussure” (El Zapato, V. Giscard D’Estaing). Y los cuentos, las historias inventadas a partir de los zapatos, o donde éstos juegan un papel importante: “El gato con botas”, “Cenicienta”… El zapato como objeto mágico. Hacemos circular estos libros y también algunos de los seleccionados por Laura y Néstor de sus propios acervos: “Los zapatitos de rosa” de José Martí, “Las botas rojas”, una foto impresionante de una fachada de Lisboa, ¡enteramente cubierta de zapatos… pintados de dorado!, un catálogo de “Vogue”, etc…

Laura y yo les contamos nuestra experiencia de esta mañana en el “Museo del Zapato” de la tienda “El Borceguí”, situado en pleno centro de la ciudad de México. Distribuimos la publicidad del museo, les recomendamos ampliamente hacer una visita a tan insólito lugar. Néstor está decidido a organizar una excursión.

En la segunda parte de la sesión, proponemos actividades concretas. Nadie quiere escribir o dibujar, todos quieren PINTAR. Néstor preparó pinturas, pinceles, recipientes. No nos queda sino poner manos a la obra. Un error hizo que se comprara barniz en lugar de pintura vinílica y le digo que evitemos el barniz, pues su fuerte olor puede intoxicarnos en un espacio cerrado. Uno de sus primos va rápidamente a buscar pintura de agua, y Néstor saca de algún lugar varias botellas de acrílico. No tenemos una gran variedad de colores, pero podemos comenzar. Todos han traído viejos zapatos para transformar. Les he mostrado el libro de los “Objetos a la deriva” (Objets a la dèrive, Centre G. Pompidou, 1986) y esto les ha sugerido miles de posibilidades para trabajar sus zapatos. La música continúa. Néstor saca también tarjetas tamaño media-carta y una bolsa enorme de crayolas; también tijeras y revistas. Los que no tienen zapatos qué decorar, como Laura, se ponen a hacer collage a partir del contorno uno de sus pies, sobre el cual pegan recortes, decoran, escriben…

A las siete de la noche la actividad es febril. Debe haber unos veinticinco participantes. Tomo fotos pero no tengo tiempo de registrar por escrito. Algunos zapatos de bebé se transforman en carritos, unas viejas zapatillas de punta toman los colores de un excéntrico arco iris, un viejo y arrugado zapato se transforma en la cara de un negrito. Sobre otros zapatos de delinean paisajes, decoraciones caprichosas de puntos o rayas. Néstor y yo vamos de un lado a otro cambiando el agua de los pinceles, vertiendo pintura, sacando las obras a secar, etc.

En un determinado momento, me siento en uno de los cómodos sillones, cansada. Mariana y Laura trabajan y acompañan al grupo de los “dibujantes”, aunque creo que Mariana ya hizo algo de pintura también. Como fondo, un poema de Neruda sobre los zapatos. Mariana me tiende “Los zapatitos de rosa” de Martí. Este es uno de los poemas de mi infancia. Me pongo a leerlo en voz alta. Conforme voy leyendo, se va despertando el recuerdo: ¡Cómo me gustaba Martí! Me gusta ese lenguaje cubanísimo y universal, fluido, lleno de inteligencia y de ternura. Sin embargo, cuando llego al momento en que la niña encuentra a una madre con una nena enferma en brazos, la voz se me quiebra y siento las lágrimas surgiendo irremediablemente. Me es imposible continuar y Mariana retoma mi lectura. ¿Qué fibras tocó en mí este poema, en medio de esta algarabía, en medio de este momento de gran felicidad? Lo medito durante las largas horas de avión rumbo a Marruecos, dos días más tarde*… esto es harina de otro costal.

Sin embargo mi fisura personal no afectó en lo absoluto la máquina de pintar que hemos puesto en marcha. Hay quienes hasta pintan camisetas (una hermosa adolescente pinta las huellas de sus manos en una). Hay quienes preguntan cómo se hace el color café o el negro. Hay una joven madre con una niñita y una bebé. La bebé (año y medio) circula entre zapatos y botes de pintura, entre manos laboriosas y cuerpos sentados en el suelo. Me gustan esos rostros absortos, esos cuerpos inmóviles y a la vez en plena efervescencia.

Néstor se dedica también a registrar las entradas y salidas de libros, pues la actividad no impide que la Sala de Lectura continúe su vida. Algunos pintores terminan su obra y van a buscar libros en préstamo para la semana. Los zapatos terminados descansan afuera, secándose. Hay de todo: pointes de ballet con rayas naranja y verde atravesándolas, un zapato negro que ahora es la cabeza de un negrito con una boca enooorme, camisetas pintadas con manos y con corazones, sandalias psicodélicas…

Terminamos con la pequeña reflexión sobre el taller. Todos dicen estar muy satisfechos.
Quizá les hubiera gustado tener más tiempo para diferentes actividades, no sólo una por persona.
Néstor me presenta entonces más formalmente. Surgen preguntas: ¿Cómo es mi Sala? ¿Dónde está? ¿Cuántos niños van? ¿Qué libros les gustan? Me siento muy a gusto entre tanta curiosidad, tanta gentileza y también tanta sed de aprender cosas nuevas. Les digo esto. Es un momento de gran emoción.
Más o menos a las nueve y cuarto sale el último asistente. Néstor, Laura, Mariana y yo vamos a cenar unos tacos a la vuelta. Mariana toma el volante a las diez.
LGB

Presentación:
La Sala de Lectura Justita Arenas se localiza al sur-oriente del DF, en Tlàhuac. Existe desde el año 2000 y fue fundada por Néstor Ramírez Peña, en su propia casa. Atiende a la gente de la comunidad y cuenta ya con más de 6000 volúmenes. Dice de ella su fundador: “La Sala busca el desarrollo de la vida interior, a través de generar y descubrir intereses propios en niños, jóvenes y adultos; el fomento de la curiosidad y las preguntas personales acerca de los relatos, el establecimiento de lazos y puentes entre lo que ocurre en las historias y lo que ocurre en la vida familiar, privada y comunitaria de los lectores, las posibilidades de dialogar ampliamente a partir de lo leído y eventualmente la escritura de historias que parta de la voz propia. Todas son prácticas constantes. Una pretensión es incorporar los actos lectores a la cotidianidad de la comunidad”.

Geneviève Patte habla de esta Sala:
"Desde hace casi 10 años conozco el trabajo y las reflexiones de Néstor Ramírez y tengo desde entonces una gran admiración por sus logros a favor de la lectura para los niños. He visitado su Sala de lectura varias veces, con algunos años de diferencia y he podido constatar que se encuentra siempre en un estado de continuo desarrollo. Su trabajo es voluntario y sus medios financieros casi inexistentes. Sin embargo, varias veces por semana, esta “biblioteca” se abre a los vecinos del barrio, entre las 6 y las 8 de la noche. Hace algunos meses, tuve la fortuna de estar con ellos y tuve el sentimiento de descubrir allí un nuevo tipo de biblioteca, particularmente adaptado a las necesidades de barrios en dificultad. Este centro sitúa la lectura en el corazón mismo de la vida, de la manera más natural… "
París, 2009

*las fotos que tomé en esa sesión memorable las dejé por accidente, sin posibilidad de recuperarlas…en Marruecos. Disculpas a los lectores, los dejo imaginar…y les brindo a cambio una foto de zapatos de colores.