jeudi 5 novembre 2009

NOVIEMBRE EN EL BLOG

¡Octubre mudo, noviembre no tanto!

Ante todo, una disculpa a los lectores de este blog por no haber publicado nada en octubre. A principios de ese aciago mes, una de mis perras me recibió con mucho amor y entusiasmo y me hizo caer estrepitosamente en el camino que lleva a mi casa. Resultado: dos esguinces y un tendón desgarrado en mano y brazo derechos; mucho dolor, yeso e inmovilización de 3 semanas. Imposible escribir a mano o en compu.

Y por ganas no quedaba: tenía muchas ideas y cosas que me parecían interesantes para compartir, como el proyecto de Carola Diez de reunirse para leer álbumes, la presentación del libro y de una película sobre el trabajo de Marie Bonnafé, o el proyecto de Gaby Nájera en Chihuahua… a continuación les hago llegar los dos últimos. Espero noticias de Carola, para saber cómo fueron sus primeras sesiones de lectura, y preparo mientras tanto, un registro de mis propias sesiones de lectura y préstamo en la escuela primaria y en el kinder de mi comunidad, San Isidro, Guanajuato.

¡Feliz de regresar a la circulación, saludo a todos mis lectores!

Lirio GB

LIBRO DE MARIE BONNAFÉ, de ACCES



LOS LIBROS, ESO ES BUENO PARA LOS BEBÉS
(Les livres, c’est bon pour les bebés, Calmann-Lévi, Paris, 2000)
Marie Bonnafé, Océano, 2008. Traducción : Lirio Garduño, Jean-Pierre Buono.
por Lirio GB
Para mí fue un gran placer, no sólo leer este texto, sino traducirlo al español.

Ya antes había leído trabajos de Marie Bonnafé, en los Cahiers D’Acces y en documentos que Genevieve Patte nos hacía llegar vía Internet a los participantes del Seminario Leámos de la Mano de papá y Mamá. Su tesis me parecía innovadora e interesante, sobre todo porque era algo que yo había vivido cuando mi hija era pequeñita: tuvo su primer libro a los tres meses y siempre me pareció natural leerle. Recuerdo que en una ocasión, entré a su cuarto y la encontré en su cuna, acostada boca arriba “leyendo” un libro de tela, uno de sus preferidos. Hojeaba el libro y observaba atentamente cada detalle, pasando las páginas lentamente. Ver a una nena tan pequeña manifestando tal familiaridad con los libros, me conmovió en ese momento y confirmó luego, con experiencias similares como promotora de lectura, mi convicción de que los libros son buenísimos para los bebés.

Preguntas frecuentes cuando hablo en público sobre la lectura son: ¿los bebés pueden entender? ¿Es útil leerles? ¿Para qué darles libros si aún no saben leer?

A través de la narración de experiencias de animación en diferentes lugares que no forzosamente tienen que ver con los libros, como consultorios pediátricos o centros de asistencia social, Bonnafé nos muestra que mientras más temprano se empiece a poner en contacto a los niños con los libros, mejor. Y respalda su afirmación con un sólido aparato teórico.

Este libro, es el fruto de un trabajo de más de veinte años en el seno de la asociación ACCES (Acciones Culturales contra la Exclusión y la Segregación), que fue fundada en Francia por el Dr. René Diatkine y por la propia Bonnafé, entre otros destacados psicoanalistas, educadores y especialistas del fenómeno lector. Esta asociación se propone iniciar a los libros desde muy temprana edad, a niños cuya situación socio-económica es precaria y constituye un obstáculo para el acceso a la palabra escrita, a la imagen, al fenómeno estético. ACCES trabaja con niños pequeños y madres inmigrantes, a veces analfabetas. Su labor de animación lectora se desarrolla como dije antes, en lugares públicos como consultorios PMI (Protección Materno-infantil), salas de espera de hospitales, centros comunitarios y bibliotecas.

Marie Bonnafé “…contempla al trabajo cultural con la primera infancia como una acción que incide no sólo en el desarrollo de los pequeños sino en la reestructuración de los adultos ligados a él. Es decir, estamos muy lejos del discurso habitual de alabanza a los libros y a la lectura, y de una concepción del acercamiento a la oferta cultural como algo suntuario…” dice Diatkine en su prólogo.

Bonnafé distingue entre la lengua fáctica, que utilizamos todos los días para fines prácticos, y la lengua del relato. Afirma que los bebés y los niños en general, son capaces de distinguir claramente una de la otra. Y no es, dice, que una sea mejor y la otra peor, simplemente que el tener contacto con ambas, enriquece intelectualmente al niño y le da la posibilidad de desarrollar una visión mucho más amplia del mundo y de sí mismo.
Sin embargo, en ningún momento la autora pretende que se estructuren estos encuentros como oportunidades para un aprendizaje precoz de la lectura o de otras habilidades. Lo importante de estos primeros contactos con el libro es que se realicen de manera gratuita, que estén ligados a sensaciones placenteras y que de ninguna manera se vuelvan utilitarios. Es decir, como todo lector adulto, el bebé tendrá la oportunidad de escoger él mismo sus lecturas y de evaluarlas como mejor le convenga. Por experiencia puedo afirmar que esto es posible, que los bebés son capaces de esto y de más.

En ciertos capítulos, recomienda libros, y abunda en los géneros literarios preferidos (como las cantinelas y las nanas), los temas frecuentes (el lobo y otros animales, la magia, los objetos…), los autores, los diferentes tipos de libros: en cartonné, animados, álbumes ilustrados… Además, trae un práctico anexo con los álbumes mencionados, que han sido publicados en español.

¡Es una suerte tener un texto de esta importancia en América Latina! (y una traducción taan buena…)

UN PROYECTO DE LECTURA: Un niño, un avión, una flor




Claudia Gabriela Nájera Trujillo trabaja como bibliotecaria en la escuela Melchor Ocampo, de Chihuahua, Chih., y realiza una labor extraordinaria. Hace lecturas en los salones, promueve libros a la hora del recreo, propicia la reflexión y el debate en su biblioteca, realiza actividades especiales, y escribe sobre sus experiencias.
Es la autora de “…Pero no imposible”, libro en el que narra sus principios como bibliotecaria escolar bajo la forma de una bitácora, publicado por Océano en 2008.

El Proyecto Principito, lo realizó en su escuela, en julio 2009:

Claudia Gaby se dio cuenta de que existía la dificultad de desarrollar actividades de lectura debido a que por lo general se dispone de un solo ejemplar de cada libro. “La lectura del mismo título por parte de varias personas se hace lenta, hay que esperar turno y si el libro es extenso pueden pasar meses antes de que podamos comentar su contenido. He observado que cada quien se inventa formas de resolverlo: leyendo en voz alta para todos, capítulo a capitulo (lo que conocemos como “lectura en episodios”); encargando la lectura de un capítulo por alumno quien lo irá comentando ante el grupo; invitando a una lectura en equipo o, yéndonos al extremo, sacando fotocopias. Sin embargo, la experiencia de leer todos juntos un mismo libro, con ejemplar en mano, había sido hasta entonces imposible realizar en mi escuela…Se me ocurrió empezar a conseguir libros de un mismo título, solicitarlo entre los amigos, pedirlo prestado a otras bibliotecas, comprar algunos con recursos propios, en fin, hacer lo posible por conseguir la cantidad de ejemplares necesarios para un grupo completo...” Y así surgió el Proyecto Principito.

Se dio a la tarea de mandar correos a las personas conocidas que podrían estar dispuestas a donar un ejemplar de dicho libro. Algunas de estas personas dijeron que enviarían el libro siempre y cuando los niños mismos lo solicitaran por carta. Dicho y hecho. Una vez los ejemplares en la biblioteca, invitó a las maestras y a los niños a una lectura colectiva, “en sesiones semanales y desarrollando algunas actividades vinculadas a la lectura; al final miraríamos la película.”

Quienes contestaron cartas a los niños y niñas fueron:
Carola Diez, Betty Moreno, Emilia Chávez, Gabriel Borunda, Raúl Manríquez, Evangelina Sánchez, Ma. Elvira Charria, Rolando Padilla, Gerardo Cirianni, Blanca Laura De la Rosa, Lucía Natalino, Raúl Alfaro, Lili Canseco, Amelia Valdez, Karina Salgado, Luz Ma. Chapela, Francisco Chávez, Ma. Antonieta Miranda, Rubén Pérez-Buendía, David Acevedo, Miguel Valdez, Irma Vázquez y Ana María López.
Los que donaron ejemplares de El Principito:
Carola Diez, Betty Moreno, Emilia Chávez, Gabriel Borunda, Raúl Manríquez, Gerardo Cirianni, Lucía Natalino, Jesús Rascón, Graciela Meléndez, Lili Canseco, Amelia Valdez, Francisco Chávez, Cristina Ahumada, David Acevedo, Miguel Valdez, Emilio López y Francisco Quirván. Ana María López nos envió uno en formato digital.

El proyecto resultó todo un éxito. Alrededor de la lectura desarrollaron actividades de escritura y de reflexión interesantísimas. Una de ellas fue invitar a un piloto de avión (el papá de Claudia) quien les habló sobre su experiencia profesional de vuelo ¡Algo así como tener a St. Exupéry presente!
Los niños escribieron sus opiniones sobre el proyecto; no puedo resistir poner aquí las de uno de los grupos:

PROYECTO PRINCIPITO
LO QUE ME GUSTÓ, LO QUE APRENDÍ – 5° B
A mí me encantó este libro porque me dejó una gran lección porque a mí la lección fue que una persona es única en el mundo, tiene la sencillez… lo que me enfadó en la película es que ponían canciones americanas y que metían mentiras en la película. Y el proyecto también me dejó una lección: trabajar en equipo, eso fue lo que me gustó. Otra cosa que me gustó fue que nos salvara de las regañizas de la maestra. PERO ME GUSTÓ!!!
Lesslie Patricia Escárcega Rascón

Me gustó más el libro que la película. La película está aburrida y el libro trae más diversión y usas tu imaginación. El año que entra quiero leer el de Hamlet, Harry Potter y la película de Hamlet.
Jesús

Mi opinión es: me gustó mucho el proyecto, pero lo que no me gustó fue que no se acabara, me gustó mucho el libro porque cada vez que leía un párrafo me lo imaginaba, también me emocionó mucho la película, aunque en el libro no viniera el planeta donde estaba el militar y espero que en 6° volvamos a leer otro libro.
Cynthia Karina Romero González

Me gustó la historia porque era muy interesante y porque el Principito vivía en planeta B-612 y porque su planeta era muy pequeño y sólo tenía una flor y 3 volcanes extintos y además plantaba una especie de baobabs. Lo que me disgustó fue el cantar porque era muy aburrido. Lo que aprendí fue que ser egoísta no es bueno para nadie.
Katherine Joselin Chávez Chávez
(cuando habla de que le disgustó “el cantar” se refiere a las muchas canciones contenidas en la película)

Lo que fue emocionante fue ver la película y también durante el proyecto Principito es que el papá de la maestra Claudia vino a platicar con nosotros.
Anónimo
(el papá de Claudia Gaby es el aviador que los visitó)

Me gustó mucho que el Principito viajara de planeta en planeta y que en el último planeta que fue la Tierra que se haya encontrado al piloto. Y lo que no me gustó es que el Principito se muriera y como no se con claridad si al ser mordido por la serpiente no sé decirles si se fue de nuevo a su planeta y espero que el año que viene la maestra bibliotecaria hagamos otro proyecto con un nuevo libro. Y yo aprendí que si el Principito hubiera muerto o no, me dejó una lección, no sé si esta lección sea cierta o no, yo digo que no hay que confiar en extraños.
Luis Fernando Ordoñez Díaz

A mí me gustó el Principito mucho pero me gustó más el libro porque te vas imaginando a todos los personajes. También fue muy bonita la película, me gustó porque todos pensábamos que el Principito era mayor y cuando vimos la película vimos que era un niño. A mí me sirvió mucho el Proyecto Principito porque me enseñó muchas cosas, me enseñó a no discriminar a la gente.
Brianda Judith

Lo que me gustó fue que cuando el Principito se encontró con el aviador fue que él fue el único que entendió el dibujo del aviador. Mi opinión es que el libro de El Principito fue el mejor que yo había leído hasta ahora. Otra cosa que me gustó fue que hasta hicieron una película que también era divertida. Lo que no me gustó fue que en la película venían unas partes que no decía en el libro del Principito.
Johari

A mí lo que más me gustó fue cuando el Principito encontró al Zorro y una de las cosas que no me agradó fue cuando el Principito se murió. Mi opinión es que al final hubiera seguido viviendo el Principito. Una de las cosas que me hubiera gustado es que hubieran hecho otro libro del Principito.
Juan Alberto Mendoza Tarango

A mí me gustó el proyecto porque pudimos convivir y leer con los compañeros. A mí no me gustó que la serpiente mordiera al Principito ni que se acabara el libro. Fue muy emocionante leer y ver la película pero muy, muy triste el final. Yo aprendí a valorar las cosas antes de que se vayan. A mí me gustaría que hubiera otro libro del Principito.
Valeria Denisse Casas Rosales

A mí me gustó mucho este proyecto. A mí me encantó la historia del piloto y el Principito. Yo nunca había leído un libro tan largo, fue increíble. A mí lo que me gustó fue cuando la maestra nos leía porque era muy emocionante. Cuando terminamos de leer vimos la película del Principito y me gustó mucho porque cada vez se ponía más interesante. Lo que más me gustó del proyecto fue cuando nosotros escribimos cartas para las otras bibliotecarias, nos entregaron libros y más cuando la maestra bibliotecaria nos dijo del proyecto a mí me encantó la idea porque leer es muy bonito. Lo que aprendí de esta historia fue que no siempre hay que echarse para atrás como lo hizo el piloto que él pensaba que se iba a morir y el Principito lo ayudó a traer agua. Eso fue todo.
Luisa Fernanda Uribe Chávez

Me gustó el Proyecto Principito porque es interesante, creativo y divertido. Y me gustó el libro porque es medio largo y fantasioso y la película porque era animada. Me gustaría otro proyecto de otro libro.
Mario Alberto Corona Ramírez

Bueno primeramente a mí me gustó mucho el libro del Principito ya que con ayuda del libro me hizo saber que no todos los adultos son aburridos, yo cuando sea grande me gustaría ser una persona muy divertida. También lo que se me hizo muy triste porque el Principito se decepcionó de su flor ya que ella le había dicho que era única y después el Principito se dio cuenta que no era única, pero en realidad era única para él. Bueno a mí me gustó mucho este libro. A mí también me gustó la película, yo aprendí que debemos de querer mucho a las personas y valorarlas.
Alejandra González Cervantes

Me gustó leer. Me gustaría leer Harry Potter.
Gerardo A. Bustillos

¿Cómo sería México si hubiera en cada escuela pública o privada, una persona como Claudia Gabriela, dedicada a promover con amor y entusiasmo los libros y la lectura?

RESEÑA DE "LA LUNA" DE SABINES



La luna
Jaime Sabines. Ilustraciones: Luis Manuel Serrano
Diseño Gráfico: Diego Echeagaray
CIDCLI – CONACULTA, México, 2002
25 pp - color.
por Lirio GB
¿Qué decir del texto de Sabines sino que es hipnótico y de sonámbula belleza?
Los collages que lo acompañan tienen la misma cualidad nocturna de fuerte inspiración surrealista: Max Ernst, "Une semaine de bonté". Sin embargo la ilustración es siempre fiel al texto, nunca lo deja solo, como un buen pianista acompañando una hermosa voz.

Quizá el mérito mayor de este libro vaya al diseñador, Diego Echeagaray por la claridad de cada doble página, algo así como una evidencia: imagen-frente-a-texto. Aunque, hojeándolo de nuevo me dejo llevar por el relieve de los collages de Luis Manuel Serrano y por la serena nitidez de la palabra del poeta. Difícil escoger: ¿qué me gusta más? ¿El poema? ¿El diseño? ¿Los collages?

También Joan Manuel Serrat se dejó llevar por este poema, lo adaptó junto con el propio Sabines al catalán, y lo cantó con la suavidad de una canción de cuna. Este libro es casi lo mismo, una suave canción que flota bajo la luz blanca de la luna.

No muchos niños de mi Sala de Lectura lo hojean o se lo llevan a casa. Pero los que lo leen, perciben la extraña atmósfera entre sueño y realidad y aprecian el humor del poeta. Alguna vez se lo leí a algún pequeñín. Como siempre, muchos otros niños nos rodearon y escucharon con atención. Es un libro que se lee bien en voz alta y por su formato y la abundancia de ilustraciones, se presta de maravilla a una lectura pública, aunque la lectura íntima no se excluya en absoluto. Un momento de magia y delicias, editado con gran calidad.

La portada que reproduzco es la de nuestro ejemplar, algo gastado. Por eso no se ve flamante y nueva… pardon!

lundi 14 septembre 2009

NUEVO LIBRO DE MICHELE PETIT


(version francaise en bas)

EL ARTE DE LA LECTURA EN TIEMPOS DE CRISIS
( Océano, México, 2009)
L’ART DE LIRE
ou comment résister à l’adversité
Michèle Petit, Éditions Belin, 2008, 265pp
por LGB
Un libro sobre los beneficios de la lectura. Sobre su capacidad de restaurar lo que se rompió. Sobre el papel de los mediadores en estas lecturas reparadoras. Al terminar de leerlo por primera vez la Navidad pasada, en Francia, me quedó un gusto a sinfonía. Vi a su autora como una directora de orquesta, dándole cohesión a una pieza, coordinando las muchas voces que la componen, regulando los silencios, los rubati, los matices: aquí pianissimo, allá mezzo-forte, más allá fortissimo. Pienso entonces en la facultad de escuchar, de reunir, de coordinar y organizar material (sonidos, colores, o en este caso experiencias de lectura) para proponer una obra coherente. Escuché todas esas voces, registradas por ella y al mismo tiempo escuché lo que ella tenía que decir sobre esas tantas experiencias fuertes y particulares que aparecen en su libro. En esta sinfonía, como en cualquier obra orquestal, se transparenta desde luego el toque personal, como dice ella misma: “toda escritura es un intento de autobiografía”.

El libro empieza con hospitalidad, como una puerta que se abre en cuyo umbral aparece el rostro amable de su autora…y de todas las personas que acompañaron su escritura. Dice: “En el momento en que bosquejo este capítulo, muchos rostros vienen a mi encuentro. Muchos de esos rostros son jóvenes –mujeres en su mayoría, pero también muchachos. Sonríen, aunque hayan vivido episodios difíciles debido a la violencia o a la dictadura que conocieron sus países. Por poco que uno los quiera escuchar, relatan lo suyo. Y lo relatan bien… Algunos de ellos van con burros cargados de libros, como Luis Soriano con Alfa y Beto en el norte de Colombia. O embarcan álbumes en barcos y bogan hacia las islas del sur de Chile, mientras que otros tantos remontan el Paraná o el Amazonas…”

Desde entonces sabemos que será un libro de aventuras, un libro que al filo de los viajes y los encuentros nos transmitirá cosas importantes, pero no como un frío estudio socio-antropológico, con cifras y tablas, sino con el calor de quien sabe escuchar y desea dejar una huella de la experiencia de tantas personas que promueven la lectura en tiempos y en lugares difíciles.

Estoy convencida de que los artistas tienen la facultad de adivinar, de presentir lo que en francés se llama “l’air du temps”, el aire del tiempo. Michèle Petit lo captó, al ir al encuentro de gente que quiso compartir sus experiencias, experiencias a veces muy duras, como las de los jóvenes desmovilizados del conflicto armado en Colombia, las de las víctimas de la crisis económica en Argentina, o las de los jóvenes de un Centro de Detención para adolescentes en México.

Este libro es un documento alentador en cuanto al poder de la lectura y sobre todo en cuanto al extraordinario poder de la mediación, poder constructivo, reconstructivo, recreativo, educativo, y demás ivos que se nos puedan ocurrir. Porque la mediación aquí no se concibe como una mediación formal, académica, dentro de un espacio escolar sometido a la rentabilidad. Se concibe como obra de personas que desinteresadamente promueven la cultura escrita, los libros, en toda su diversidad y su riqueza: álbumes para niños, novelas, poesía, libros de arte, divulgación científica, y hasta soportes diferentes de los libros como cine, video y “actos poéticos” como los de Mirta Colangelo en Argentina (p.185)

Habitar el mundo, apropiarse del espacio, tejer las cosas que nos rodean y hacerlas amigables a nosotros. Ese arte de habitar, podemos extenderlo a los libros: entrar en ellos, vivirlos, estar dentro, trabar relaciones con ellos, permitir que nos transformen. Los mediadores pueden ayudar a la gente a entrar en los libros, a habitarlos.

En algún momento Petit cita a Thomas Pavel: “la inteligencia del corazón no excluye la del intelecto”. Así, su libro está lleno de reflexiones, referencias, citas literarias y científicas, pero sin perder nunca de vista la experiencia vital de los promotores de lectura como integrantes de una enorme orquesta, tocando diferentes instrumentos siempre en armonía, aunque muchas veces no se conozcan entre sí.

Lirio Garduño-Buono
San Isidro, sept. 09

Michèle Petit ya no necesita presentación en el mundo latinoamericano, pero para aquellos que no la conocen puedo decir que es antropóloga para el Centro Nacional de la Investigación Científica en la Universidad de Paris I, en Francia y que se ha dedicado durante más de veinte años a la investigación del fenómeno de la lectura, particularmente en medios alejados de la cultura escrita, concediendo un lugar especial a las experiencias lectoras en Europa y en América Latina, como en este libro.
Es autora entre otros de “Éloge de la lectura. La construction de soi (Belin, 2002) y de “Nuevos acercamientos a los jóvenes y a la lectura”(FCE, México, 1999)


(version française )
L’ART DE LIRE
ou comment résister à l’adversité
Michèle Petit, Éditions Belin, 2008, 265pp
(paru en espagnol comme El Arte de la Lectura
en tiempos de Crisis, Océano, 2009)

Un livre sur les bénéfices de la lecture. Sur sa capacité de restaurer ce qui est cassé. Sur le rôle des médiateurs dans ces lectures réparatrices. A la fin de ma première lecture, à Noël dernier en France, il m’est resté un goût de symphonie. J’ai visualisé son auteur comme un chef d’orchestre donnant sa cohésion à une pièce, coordonnant les nombreuses voix qui la composent, réglant les silences, les rubati, les nuances: ici pianissimo, plus loin mezzo-forte, là-bas fortissimo. Je pense alors au grand talent requis pour écouter, réunir, coordonner et organiser du matériel (sons, couleurs, et, dans le cas qui nous occupe expériences de lecture) pour proposer une œuvre cohérente comme celle-ci. J’ai pu «écouter» les voix enregistrées par elle et en même temps, ce qu’elle avait à dire sur toutes les expériences fortes et particulières qui apparaissent dans son livre. Dans cette symphonie, comme dans n’importe quelle œuvre orchestrale, on perçoit en transparence la touche personnelle; comme elle-même le dit: “toute écriture est une tentative d’auto-biographie”.

Le livre démarre avec hospitalité, comme une porte qui s’ouvre, dont le seuil encadre le visage aimable de l’auteure…et de toutes le personnes qui accompagnèrent son écriture. Elle dit: “Au moment où j’ébauche ce chapitre, des visages me reviennent. Beaucoup de ceux auxquels je songe sont jeunes –des femmes, en grand nombre, mais aussi des garçons. Ils sont très souriants, même s’ils ont vécu des épisodes difficiles du fait de la violence ou de la dictature que leurs pays connaissent ou ont connues. Pour peu qu’on les écoute, ils racontent volontiers. Et ils racontent bien… Quelques-uns vont même avec leurs montures chargées de livres, tel Luis Soriano avec ses ânes Alfa et Beto, au nord de la Colombie…tandis que d’autres remontent le Parana ou l’Amazone.” (p25)

Dès lors, on sait que nous aurons affaire à un livre d’aventures, un livre qui, au fil des voyages et des rencontres nous transmettra des choses intenses, non pas comme une froide étude socio-anthropologique, avec chiffres et tableaux statistiques, mais avec la chaleur d’ une auteure qui sait écouter et désire laisser une trace de l’expérience des autres, toutes ces personnes qui font la promotion de la lecture en des temps et lieux difficiles.

Je suis convaincue que les artistes ont la faculté de deviner, de pressentir l’air du temps. En écrivant ce livre, Michèle Petit l’a fait, en allant à la rencontre des temps et lieux de crise; à la rencontre des personnes qui ont bien voulu partager leurs expériences, parfois très dures, avec elle, comme ces jeunes démobilisés de la guerrilla en Colombie, ou celles des victimes de la crise économique en Argentine, ou encore, celles des jeunes détenus dans un prison pour adolescents au Mexique... Il s’agit ici d’un document encourageant quant au pouvoir extraordinaire de la médiation lectrice, pouvoir constructif, reconstructif, récréatif ou toutes les autres « ifs » que l’on voudra ajouter. Parce qu'ici la médiation ne se conçoit pas en termes académiques et formels, dans un espace soumis à la rentabilité scolaire. Elle se conçoit comme l'œuvre de personnes qui de façon désintéressée font la promotion de la culture écrite, des livres, en toute leur diversité et leur richesse : albums pour enfants, romans, poésie, livres d’art, divulgation scientifique et même des supports différents des livres, comme le cinéma, la vidéo ou les « actes poétiques » comme ceux de Mirta Colangelo en Argentine (p. 185).

Habiter le monde, s’approprier l’espace, tisser les choses qui nous entourent “pour nous en faire des amis” (Gaudin, p. 74). Cet art d’habiter, on pourrait l’étendre aux livres: les vivre, être dedans, se mettre en relation avec eux, leur permettre de nous transformer. Les médiateurs peuvent aider les gens à entrer dans les livres, à les habiter.

Petit cite Thomas Pavel: “l’intelligence du cœur n’exclut pas celle de l’intellect ». Ainsi, son livre est plein de réflexions, de références, de citations littéraires et ne perd jamais le cap sur l’expérience vitale des promoteurs de lecture qui, tels les membre d’un grand orchestre, jouent des instruments différents mais toujours en harmonie, même si la plupart des fois, ils ne se connaissent pas entre eux.

Lirio Garduño-Buono
San Isidro, sept. 09

Michèle Petit est anthropologue au CNRS (Université Paris I). Elle mène des recherches sur la lecture, particulièrement dans des milieux éloignés de la culture écrite, et privilégie l’analyse de l’expérience singulière de ceux qu’elle rencontre. Elle est notamment l’auteure de Éloge de la lecture. La construction de soi (Belin, 2002).

SOBRE LA LECTURA



por Lirio GB


Leer.- La definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua española es: “Pasar la vista por lo escrito o lo impreso, comprendiendo la significación de los caracteres empleados”. Y también: “comprender el sentido de cualquier otro tipo de representación gráfica: leer una partitura, leer un plano…”
Hay otra más poética: “Descubrir por indicios los pensamientos o sentimientos de alguien”. Se puede, pues leer un libro, claro pero también leer una imagen, leer la expresión de un rostro, leer la desolación o la belleza de un paisaje; leer la simetría y la serenidad de una fachada; leer las líneas de la mano, la mirada del hombre o la mujer que amamos; leer la hostilidad de una intención o la benevolencia de un gesto; leer una huella en la playa, leer un poema, leer el genio y la locura de Goya o de Van Gogh en sus pinturas; leer la interrogación sobre la muerte en los sonetos de Sor Juana, leer un perfume o un hedor… Leer el mundo no se limita a la lectura del libro, aunque el libro sea la materialización de otra lectura hecha alguna lejana vez por un hombre o por una mujer. Rilke pasó largas horas leyendo el firmamento, y cristalizó su lectura en poemas cósmicos, metafísicos; mi preferido es aquel en el que se pregunta “…y de todas estas estrellas/ ¿cuál, cuál estará viva aún?” Un científico leería el cielo nocturno de otra manera, pero quizá llegaría al final a la misma interrogación del poeta “¿cuál es, de todas éstas, la estrella que aún vive?”
En la Sala de Lectura Perro Azul y en mis Talleres con adolescentes detenidos leímos no sólo textos, sino imágenes, objetos, sueños, manos, ropa, música… Todo esto alrededor del libro, de los libros.
Quién mejor que mi maestra Geneviève Patte para hablarnos de esto: “El primero y quizás único objetivo de la literatura es proporcionar placer; placer que nos da la posibilidad de extender los sentimientos propios hacia los demás. Los libros enriquecen nuestra vida interior al tiempo que posibilitan una mejor vida en sociedad. Bajo esta perspectiva, disfrutar de agradables y enriquecedoras experiencias literarias no es un lujo sino una necesidad. Necesidad aún más sentida cuando se trata de poblaciones marginales, limitadas no sólo en cuanto a posibilidades sociales adecuadas sino en cuanto a su voz y su potencial de acción. Con demasiada frecuencia ignoramos sus capacidades de aportar y de trasformar su entorno. Los encuentros alrededor del libro, son una posibilidad de promover estos procesos. El ejercicio de concretas, pequeñas y a veces efímeras experiencias de autonomía y libertad, constituye un camino hacia la conquista de otras libertades, de otras capacidades”. (Presentación para Leamos de la mano de papá y mamá, 2001).
No sé si la vida de esos niños y jóvenes habrá cambiado. Ni siquiera sé si seguirán leyendo o si tendrán ganas de hacerlo en el futuro. Pero estoy segura de algo: de que lo vivido y lo bailado, nadie se los quita. Saber más sobre sí mismo siempre es motivo de cambio; de un cambio profundo y duradero. Y aprender que la felicidad no es una idea lejana, que está a la vuelta de la esquina y a la vuelta de una hoja, es siempre un buen comienzo para cambiar la vida.






















750 LIBROS





No es la primera vez. Ya en el pasado Eduardo Langagne, director de la Fundación para las Letras Mexicanas, me había mandado libros para la biblioteca del Tutelar (Centro de Detención para Adolescentes). Pero ahora fue una locura. Empezando por recogerlos en la Central de Autobuses y sacar las siete gigantescas cajas, meterlas en mi VW y llevarlas a la casa, donde clasificamos el material y decidimos cuáles libros se iban al Tutelar, cuáles se quedaban en mi Sala de Lectura, cuáles podrían ser útiles en otros lugares, como la Facultad de Letras o la Biblioteca Central Estatal...

Porque con esos libros no sólo recibimos libros. El mensaje que me llega con ellos es el de la buena voluntad, la generosidad, la bondad y la inteligencia de su donador. 750 volúmenes: poesía y narrativa en su mayoría aunque también arte mexicano, ensayo, crítica, y hasta alguno que otro de costura o de canciones. Muchos vienen de la biblioteca personal de Eduardo, otros de la Fundación. Ante la cascada de libros, no pude, como ven, resistir las ganas de ponerme el traje de baño y echarme un clavado en ellos. Pero no sólo eso. Suscitaron muchas cosas mientras los clasificábamos durante el fin de semana.

Empezando por la codicia. Ni Jean-Pierre (mi esposo) ni yo somos codiciosos con el dinero o los bienes materiales. Ni siquiera somos codos con nuestros sentimientos. Pero descubrimos una forma de avidez y de codicia al tratarse de libros. Tuvimos ambos, ganas de atesorarlos, de guardarlos, de quedarnos con ellos. Desde luego, algunos se quedan aquí, en el acervo de la Sala de Lectura. Pero muchos se tienen que ir. Aprender a dejar ir. Supongo que para Eduardo fue lo mismo: deshacerse de tantos libros, muchos de ellos dedicados, y dejarlos ir para que inicien una nueva vida.

Y a propósito, pensamos también en las dedicatorias: ¿quién dijo que una dedicatoria nos obliga a guardar un libro por toda la eternidad? ¿Quién dijo que esa inscripción será su epitafio en la tumba de nuestra biblioteca? Seguirán circulando, pasando por muchas manos y sus dedicatorias serán cartas abiertas a todo el que quiera leerlas.

Otra cosa que este acervo despertó, fue el pensar en la abundancia de poetas y narradores de México. ¿Somos tantos? ¿Servimos de algo? ¿Nuestra presencia será útil para contrarrestar (ya que no detener) la barbarie? En todo caso, es alentador el descubrir que hay tanta gente que no vive sólo para comer, dormir y consumir. Que hay personas que piensan que la palabra tiene su lugar en esta vida y que su labor será a la larga reconocida y asimilada por la gente. Se puede tener esperanza.

Y claro, es alentador también ver que tanta creación corresponde a tanta edición. Los editores. A pesar de que una amiga escritora decía que “el mejor de ellos, colgado”, podríamos calificar su labor de maravillosa, sobre todo en las condiciones adversas de la economía mexicana.

750 libros. 7 cajas que ahora se repartirán en tres acervos. ¿Quién leerá qué? ¿En qué momento? ¿Servirán para sacar a alguien de la desesperación? ¿Para despertar sentimientos? ¿Para avivarle la chispa vital a alguien que se marchita?

Sólo por esto, el generoso donador merece el cielo (pero el cielo en la tierra, es decir, lo mejor que le pueda pasar aquí abajo…). ¡Mil gracias, Eduardo!.